25 sept. 2009

UN ESCRITOR DE FUSTE


Había pasado dos años desde la última vez; me había alejado de ella con el viejo truco de “seré indiferente hasta que se cansé de mí”, y lo había conseguido, dos años separados; hubo noches en las cuales deseé tenerla a mi lado, sus manos frágiles buscando mi corazón desierto, noches de increíble soledad. Pero ese era el destino, era lo que había decidido y no pretendía arrepentirme un solo instante.

Dos años después, estábamos sentados en un banco luego de comprar unos grasosos sándwiches en “Capitán Chorizo”, la había invitado a dar un paseo por un parque descuidado de césped amarillento; no importaba, no pretendía sorprenderla, mucho menos andaba cargado de esperanza por algún favor de tipo sexual.

-Siempre te he tenido presente -dijo ella, con una ternura inusual en alguien que odia.
-No pareces muy convencida de lo que dices -respondí. Porque me había parecido demasiado aduladora.
-Te recuerdo claramente, hace dos años atrás, aquí mismo.

No recordaba que hace dos años atrás, en nuestro breve romance apasionado hayamos circulado por algún parque. Pero al parecer ella sí, y yo empezaba a sentir una curiosidad insana por conocer los secretos de mi propia vida.

-Aquí mismo hace dos años, me comentaste como quien confiesa su homosexualidad que querías ser un escritor de fuste. Habías escrito unos pocos poemas para tu novia y una novela pésima para un editor pésimo.
-Gran cosa.
-Sí, gran cosa. Hace dos años tenias más confianza en ti, sentido del humor y una inteligencia que asustaba.

¿Me estaré convirtiendo en un tonto? Pensé. No había escrito nada que valiera la pena. En dos años. Aquella novela pésima para el editor pésimo había sido el final.

-Sin embargo, todos merecen una segunda oportunidad, y estamos en eso -comenté.
-No volveré a estar contigo, eres un ebrio.
-No he tomado, puedes besarme si quieres saberlo.
-¿No existe otra manera?
-No.
-Tienes que recuperar tu seguridad.
-Tengo que irme, me marcharé un tiempo de la ciudad, tal vez recupere mi talento.

La dejé ahí junto a sus zapatos de ballet, y los restos del Capitán Chorizo, que a su paladar había resultado un rotundo fracaso.

Días después estaba enfrentándome nuevamente a una hoja en blanco. Era para volverse loco. Un enfrentamiento donde tenía la seguridad de salir molido contra un oponente que ha matado a miles durante la historia. Fin.

16 sept. 2009

TE AMO TANTO, BONITA


Se supone que si nos enamoramos es para que estemos alegres, para estar escuchando pajaritos en pleno desierto, para mensajearte de mañanita algo súper cursi –de todas maneras, ojo que es mañana- y que esa cosa tan cursi te sea halagador, porque recuerda, estamos terriblemente enamorados. Y de noche territorio del romance algo super erotico-pornográfico porque aparte de amarnos nos deseamos como mierda, porque todo el día quiero tener sexo-romántico contigo.

Se supone que es para que pueda tocar tu mano sutilmente entre la gente, y que eso signifique entre tantas cosas –estoy a tu lado, estoy contigo-.

Se supone que puedo besarte entre la gente, sin miedo de que me rechaces, sin miedo de nada, se supone que para eso estoy contigo, para que tu boca sea mía.

Sobre todo. Se supone que puedo contar contigo el día que este terriblemente triste, o el día que me alegre un chiste súper estupido –ah también, podría llamarte y contarte el chiste súper estupido-. Se supone que vamos a estar juntos para siempre, que eres mi alma gemela y que puedo contarte mis miedos, mis terribles secretos.

Se supone que puedo rozar tus mejillas con la gema de mis dedos, podría darte a ti lo que guarde durante toda mi vida, lo que ninguna daño; puedo ser sincero. Si se puede. Te molestaría pero tendrías a un sincero a tus pies. Podría atraparte de la cintura y morderte, lamerte, y eso no tendría que enojarte, a mí no me enojaría, te lo juro. Porque en serio, te amo.

No me enojaría que me cuentes la cosa más cojuda que tengas para decirme; aunque tú en general eres un cojudo, terriblemente cojudo. Tonto, despistado, te pierdes de mi lado, en plena calle. Comes grasa solo para agradarme, dices que todo está bien solo para agradarme, eres un tonto que no se quiere a si mismo. Pero hay un gran problema. No siento que me amas, y estás terriblemente triste, a punto de llorar; y se supone que nos enamoramos para estar chinos de risa.

Perdóname, no se quién tiene la culpa, si la naturaleza, si mis padres por haberme engreído tanto, si yo mismo por quererme tanto.

Ojala te sonroje Leo Dan aullando una de mis canciones favoritas. Quiero verte, tenerte y besarte y entregarte todo mi corazón, oh oh ooohhh mi corazón. Jajajaja.

6 sept. 2009

IRIS, LLENA ERES DE GRACIA

Era un martes cualquiera cuando merodeaba los alrededores de “Iris”, una tienda de flores donde atiende Iris, una joven de 21 años de edad, galardonada como la floricultora más sexy del Universo por decisión personal.
-Llevas siete meses pensando en enviarle flores -me dijo.
-Soy un cobarde, lo sé.
-No dije eso.
-Sí.
-Bueno, sí- respondió, dejando de lado una docena de rosas, todo para acercarse a mí y darme ánimos en mi desastroso intento por atrapar a una mujer mayor que yo.
No supe que decir, simplemente correspondí a su cálido abrazo.
-Tú corazón late muy fuerte -le dije.
-Fastidioso. Esto me pasa cada vez que estoy cerca de ti.
En esos momentos cruzó por la avenida un auto antiguo, como un tanque, veloz, como un misil y dejó el eco de su horrible motor en toda la tienda, arruinando el momento tan romántico, ella en mis brazos, sin necesidad de flores, ni mensajes de texto, ni poemas, ni cartas; tan solo el breve paseo de mi cuerpo sensual ante sus ojos (jaja).
-Todo el mundo se enamora de mí, menos tú -me dijo.
-Todo el mundo se enamora de mí, menos ella.
-Me transformas, a tu lado no soy la misma, por eso nunca te enteras de lo genial que soy, no es que finja a tu lado, es porque alteras mi comportamiento.
-¡Carajo!
-Qué te pasa.
Fije mi vista en las doce rosas rojas, espantosamente bellas. Pensé entonces que las tomaba y cruzaba la avenida, tomaba un taxi hasta la casa de mi princesa adamantina, y caminaba por las veredas martilladas.
¡Carajo! La vida estaba constantemente lanzándome a la lona.
-Tengo que irme Iris.
-Nos vemos, tonto.
Pasaron pocos días para que el destino nos volviera a unir, esta vez con un mejor ánimo de ambas partes. Salía de un centro comercial.
-Hola. Parece que no compraste nada.
-No, no encontré lo que buscaba.
-¿Qué buscabas?
-Un chico.
-Lo encontraste, vamos a caminar.
-Cool. Me gusta el invierno, sabes ¿no?
-No, es la primera vez que me lo dices. Yo odio el invierno.
-No nos parecemos.
-Solo porque no me gusta el invierno.
-Por muchas cosas, pero no importa.
Pasamos muchas calles conversando trivialidades, no faltaban los taxistas que elogiaban su culo con silbidos mañosos. La chica con el trasero más bonito y las uñas color rosa. Recordé entonces nuestra primera cita. Ella de padres cristianos había mostrado su rebeldía sumergiéndose en la honda punk, vistiendo siempre de negro; pero aquella primera cita hizo el gran gesto de hacer conmigo una excepción. Esa noche que pasé por su casa estaba completamente de rosado, como en un cuento de princesas, y yo con un gran sentimiento de culpa de haberle dicho (de broma) la noche anterior que no me gustaban las chicas punk. Cinco largos años desde aquella vez, en la que con tanta seguridad dije –No creo que pase nada entre nosotros- sin saber que rechazarla sería lo que más nos encadenara.
Llegamos a un sitio donde había poca gente. Me detuve, y la mire a los ojos como quien va a abrir su pecho para regalar un corazón a pesar de su estado lamentable.
-Eres lindísima.
-Lo sé. Tú eres lindo también.
-Odio que me digan lindo.
-Dame un abrazo. Tonto.
Enredados le dije al oído –Es mentira.
-Entonces si te gusta que te digan lindo.
-No, me refería a otra cosa.
-Entonces que es mentira.
-Si me gusta el invierno. Como no me gustaría si soy un maldito sentimental -susurré a sus oídos.
-¿Semental?
-Sentimental. Tonta.
Todo el universo conspiró en nuestra contra, así nuestra amistad continuó.
Si "anulas" a alguien con este tema, quedará todavia más enamorado(a), asi que no te la recomiendo para ese fin.