6 oct. 2009

SOLO NECESITO DOS DÍAS PARA SUPERARLO


Hay días en las que quiero estar completamente solo, unicamente para sentir el placer masoquista de extrañarte y salir corriendo a buscarte. Perdón princesa si llego tarde, es tal vez porque estuve pensando en mí nada más, tratando de comprender mi religión y la resignación a una historia de amor que pudo ser y no fue.

No lo sé con exactitud, pero sabes que te quiero y por eso siempre regreso a ti, cada día intento olvidarte y mientras más intento me doy cuenta que exterminas mis vanos esfuerzos.

Esa noche fui a tu casa princesa, no sé con seguridad donde es pero fui, errante con la esperanza de hallar un camino al sol. Intenté cruzar el olvido pero en medio de la vía me detuvo un ángel que conducía un auto rojo con destello solar, empañó mis ojos y tardé en acostumbrarme a semejante fulgor.

-Hey chico, a dónde vas- preguntó la mujer que estaba de copiloto, con una voz amable que me invitaba a confiar en ella. La examiné y llamó mi atención un pequeño charango entre sus brazos y sus rasgos andinos. Más tarde supe que era una cantante, de aquellas que cantan a orillas de alguna laguna, como quien da ofrendas a los apus y al dios Sol.

-A mi casa de la montaña- mentí, mirando fijamente a los ojos de la mujer.
-Sube chico, te llevaremos, acompaña a los amantes en su viaje final- Me dijo el ángel.
-A dónde van- dije intrigado, y miré a los amantes, dos jóvenes se besaban en la parte trasera; con desbordante pasión y lujuria, estaban descalzos, ella llevaba un vestido de noche rojo y él un traje completamente negro.
-Qué esperas- dijo el ángel –Si no vienes, te arrepentirás cuando pasen los calendarios y te encuentres frente a frente con la Muerte.

Entonces abrí la puerta y me senté a lado de los amantes, que dejaron de besarse y me saludaron con amabilidad, recién entonces vi sus rostros perfectos, bellos, hermosos; un muchacho esbelto, una mujer sensual y de clase.

Qué aqueja a tu alma, príncipe- dijo ella.
Cuéntanos tu historia en la tierra de las serpientes venenosas- agregó él.
Si cuéntanos- dijeron en coro en la parte de adelante.
No supe que decir, tenía tanto miedo de la verdad que llegó a mi mente la salida perfecta –Ah, jóvenes amantes cuéntenme las historias más tristes, para decir: Por Dios, y yo atormentado por pena tan minúscula.
-Supongo entonces que es el amor- dijo ella.
-¿Hacia dónde vamos? – pregunté intentando cambiar el tema de conversación.
-Estamos en el amor, estás enamorado, así como nosotros, estas en el amor.
- Y ya no lo estarás cuando lleguemos al final de este viaje- Dijo el ángel mientras extendía sus manos para entrar en un sueño profundo.
- ¿Quien conducirá?- le pregunté a la cantante, que empezó a tocar y a dormirnos a todos en medio de la nada, con una voz de otra dimensión.

Luché contra el sueño, pero pronto el cuerpo empezó a sucumbir ante el deseo y en medio de un deleite auditivo sentí que caíamos en picada. “Por fin todo esto se acabó” pensé sospechando mi muerte.

No, pero yo quiero seguir enamorado, porque esto no me lastima, soy más fuerte que todo esto. He podido olvidarte, pero no he querido porque por ti mi sol brilló un día.

El último parrafo lo escuché por ahí. (antes que me digan copión)

1 comentario:

Fernando Nerú dijo...

Efer, la composición es realmente atractiva, surrealista, diafana, y con recodos de melancolia que no solo te conducen por cada ambiente creado, sino también retrospectivamente. Felicitaciones, aprecio que has mejorado enormemente en la redacción de tus textos.
Un abrazo querid amigo, desde este rinconcito amado de Ica.