23 nov. 2009

LA VERDAD ES QUE TODO EL TIEMPO ESTOY MINTIENDO


Geraldine estaba enamorada de Julián, él de Jimena, y ella de otro que no tiene nada que ver con el relato. Cupido se había ensañado con Julián hace mucho, pero él quiso a pesar de lo que dijera su corazón divertirse con Geraldine.

Geraldine era hermosa, pero le faltaba la seguridad que tanto admiraba Julián en las mujeres. Muy a pesar de ello se enfrascaron en un tórrido romance basado en el sexo. Geraldine con la esperanza de que con el tiempo él tuviera sentimiento de amor hacia ella. Él para no aburrirse mientras esperaba a que Jimena se olvidara del otro, que estaba muy loco por otra.

Los encuentros de ambos eran breves e intensos, siempre a la salida del colegio, todos los días, hasta que culminó el colegio, luego comenzaron los encuentros por la mañana, antes de la universidad, todos los días.

-Soy la única chica que llega a clases después de tirar -decía.
-Yo soy el único que trabaja a partir de las 11 de la mañana -respondía Julián.
-No termines en mi boca por favor, no quiero tener el aliento olor a semen.
-Está bien.
-Deberías dejar de ver tanta pornografía, quisiera que comprendas que no eres un actor porno, que soy tu chica. Que son todas esas poses, ¡por Dios!
-Está bien.

No había por qué discutir. Toda discusión con una mujer es inútil, pensaba Julián. Habían pasado tres años sin discutir. Él pensó en que tenía que terminar. Tan sentimental él, pensó en las palabras exactas para finalizar una relación tan larga. Fue una mañana de aquellas, mientras ella descansaba desnuda sobre su cuerpo.

-Geraldine, podría estar así toda mi vida, pero no te amo, podría estar a tu lado para siempre pero no podría amarte, han pasado tres años y sigo sintiendo lo mismo que la primera vez.
-¿Qué sientes?
-Te quiero, no quisiera que nada te pasé, no quisiera que vivas una falsa ilusión, esperando tal vez amor de mí.
-No te preocupes, no creo en el amor.
-Yo sí. Ya no me siento cómodo con nuestra relación.
-¿Qué piensas hacer?
-No sé.

Geraldine se paró y empezó a vestirse. Julián no comprendía cómo no podía amar a una chica tan sexy, tan lista, que al pasar de los años se había convertido en una mujer fría, segura de sí misma, tal como él las prefería.

-Espero que se te pasé para mañana todo ese drama de buscar el amor -dijo ella y se marchó. Él no dijo nada, solo se quedó en silenci0 mirando el techo blanco, esperando una señal que nunca llegaría. Un ángel que descendiera encadenada para alterar su vida ordinaria; pero sobre todo con un miedo terrible a que probablemente Geraldine había llegado a conocerlo.