26 dic. 2009

MALAS COSTUMBRES


-El es Julián Bello -dijo Agustín Portilla al presentarme a sus amigas muy guapas. Agustín es uno de esos tipos que les cae bien a todas las chicas como para contarle sus confidencias, pero que jamás se irían a la cama con él, debe ser tan jodido cargar con ese destino, ser tan lindo como para que ellas no quieran tener sexo contigo. Por eso es que generalmente las chicas están muy inconformes con sus romances.

En esta ocasión estaba rodeado como de costumbre de chicas que no conocía, Abigail, Rita y Andrea, en la sala de Agustín que había ido a la cocina por unas cervezas.

-No sé si me equivoco, pero tú tienes una página web donde escribes -dijo Rita dirigiéndose a mí.
-Si, una web y un blog -respondí.
-Vi tus fotos.
-¿Eres escritor? -preguntó Abigail.
-No, todavía -me apuré en responder.
-¿Es el Julián de la web llena de calatas, que escribe cochinadas? -le preguntó Andrea a Rita.
-Son desnudos artísticos -me defendí.
-Rita dijo calatas.
-Artísticas o no, calatas son calatas -dijo Rita
-Que bien, me choqué con chicas del Opus Dei.
-Solo la gente de dinero integra el Opus Dei, nosotras somos de la clase C -dijo Andrea
- A la mierda. Perdonen voy a buscar a Agustín, creo que ha muerto.

Esas tres chicas me odiaban por poner desnudos en mi bitácora. Agustín estaba por teléfono hablando con Antonio que estaba retrazado para la reunión.

Antonio no va ha venir -dijo Agustín preocupado.
No se perderá de gran cosa, yo también me largo.
-Espera, cómo que te largas, qué voy a hacer con tres chicas.
-Tendrás una Feliz Navidad.
-Sólo respóndeme unas dudas.
-Claro.
-¿No te atrae ninguna de las chicas? -dijo poniendo una mano en mi hombro.
-No.
-Pero, me refiero a lo físico.
-A si, Andrea, está como para meterla hoy y sacarla el martes (era sábado).
-Vez, ahí va otra ¿Desde cuándo estás solo?
-No sé, mucho tiempo. Qué te pasa, tienes complejo de cupido que mierda.
-Entonces, no crees que Andrea podría alejarte de los romances clandestinos (putas) y atraparte.
-Cualquier Andrea, menos la de tu sala. No quiero tener una relación, la última intentó matarme.
-Estas hablando huevadas.
-Es cierto, eso lo superé en dos días. Vamos, go go go.

Cuando llegamos a la sala, las chicas estaban un poco aburridas demostrando lo pésimo que nos estábamos comportando como anfitriones. Dejarlas solas había sido un gran desatino.

-Chicas, Antonio creo que no vendrá -dijo Agustín.
-Que importa, Antonio es un idiota -dijo Rita que es su ex.
-Acabas de cometer pecado -dije, y ellas sonrieron. Agustín no había entendido el chiste. Empezamos a beber.
-Julián, creo que fuimos duras contigo hace un rato, ahora que Rita me contó más de tu pagina, creo que sabes mucho de chicas -dijo Abigail
-No sé mucho de chicas, ni del amor, no sé mucho de nada, solo escribo algunas cosas que le pasa a la mayoría de la gente de mi edad.
-No, tienes un pensamiento diferente, por eso creo que escribirás por mucho tiempo -dijo Rita.
-Bien, gracias.

Me paré y encendí la PC.
-Espero que les guste de todo, odio a la gente que escucha solamente un genero.
Nadie dijo nada, lo que tomé como un “estoy de acuerdo contigo”.

La charla se puso amena, a tal punto que el alcohol no hizo el efecto traidor de hacerte recordar pasajes jodidos de tu vida. Abigail quería bailar, yo odiaba bailar hasta ese día, porque al negarme a bailar, Abigail dijo que me enseñaría. Ella era así, maestra de profesión, llevaba en la sangre el bicho que la impulsaba a enseñar todo. Mientras bailábamos ella me decía una y otra vez: no te pegues mucho, me gusta, pero no se baila así.

Mientras que Agustín todo un bailarín estaba disfrutando de la noche con dos chicas, yo por momentos me preguntaba qué diablos habría pasado con Antonio. Cuando finalizó un remix de perreo que duró quince minutos, nos sentamos y Rita con un mareo notable pero no escandaloso hizo una pregunta clásica entre las chicas:
¿Por qué los hombres son tan perros?
No dije nada.
-La pregunta es para ti -dijo apuntándome
-¿Con cuántos hombres estuviste? -le pregunté sabiendo que jamás diría la verdad.
-Los suficientes como para saber que son unos perros.
-¿Estuviste alguna vez con uno bueno? Me refiero a uno fiel.
-Si, pero era un imbecil, todo lo que hacia lo consultaba con su madre.
-Algún defecto debía que tener ¿no?
-Si, había otro pero lo traté mal sólo porque estaba molesto con todos los hombres.
-Pobre hombre -pensé– todos le hacemos daño a las personas que son buenas con nosotros. No creo en personas buenas, creo en personas neutras que pueden ser buenas con algunas personas, no con todo el mundo.

Seguíamos bebiendo y conversando de trivialidades, como de moda, cine, celebridades, música; eran verdaderas conocedoras, escuchaban de todo y sabían todo sobre cantantes lo que no quiere decir que les gusten todos los géneros; por ejemplo; había cambiado de ACDC a MIRANDA, Rita pegó el grito al cielo.

-Pasaste de Brian Johnson a Ale Sergi, tú si estás chiflado.
-Es que así soy yo -dije y seguimos bebiendo.
Agustín tenía una química especial con Abigail, a la yo que había avergonzado hace unos minutos.
-¿Quién de las tres te gusta más? -preguntó ella.
-Contigo no estaría jamás.
-¿Por qué?
-Veras, te llamas como mi hermana. Imagínate en la intimidad, diciendo tu nombre y gimiendo, ah! Abigail eres la mejor. Olvídalo. Tampoco con Rita, nunca besé a alguien con lentes, si chocas debe hacer mucho frío. Andrea, tú me gustas -nadie hizo un comentario, a nadie parecía importarle.
-Y a ti Agustín...
-Sólo tengo ojos para ti -le dijo a Abigail- todos nos quedamos callados y comprendimos que querían quedarse solos. Fuimos a la azotea y escuchamos canciones de un mp3 conectado a un parlante muy usado que había de darle golpecitos para que funcione.

-¿Es cierto que te gusto? -dijo Andrea
-No.
-Oigan estoy aquí- dijo Rita.
Le di un beso a Andrea, uno suave y prolongado. Sentí unas manos pequeñas en una nalga, tocándome como quien toca un pan antes de comérselo, no recuerdo cual de mis nalgas.
-Lindos ojos -le dije a Rita que se había quitado los lentes.
Ella no respondió, es dificil hablar con la boca llena de pan, a parte de ser una mala costumbre.