11 may. 2010

TODOS NECESITAMOS A ALGUIEN


Un domingo de invierno del 2005 estaba en la puerta de Jenny, en Ate, golpeando como un loco la lamina de aluminio. ¿Quién mierda es? Gritó su padre. Yo me calmé y puse mi mejor cara (la de idiota). Mostré mi lado más educado. El viejo salió rascándose la barbilla, con trozos de arroz sobresaliendo de su boca.

-¿Tú? ¡Carajo!, Jenny está en su cuarto.
- Papá ¿Quién es? –dijo su esposa que se mantenía en el comedor.
-Es Julián, el flaco que vive en la esquina.
-¡Juliancito! –Respondió ella llena de júbilo– ven come este guiso que está muy rico.
-Gracias, pero estoy apurado.
-Sube, ella está en su cuarto.

No hubiera aceptado nada de comer en esa casa, todos tenían una sazón espantosa, a la par de una fama de poco cuidadosos con el aseo personal.

Cuando toqué la habitación de Jenny, su vocecita infantil me dio permiso para ingresar, cuando lo hice ella estaba mirándose el trasero y echándose cremitas a la cara, parecía un monstruo pequeño con un cuerpo, para ser honestos regular, nada del otro mundo.

-¿Qué mierda quieres? -le pregunté al sentarme en su cama de sábanas estampadas con princesas de Disney.
-Quiero darle celos a Martin, y tú me vas a ayudar.
-Exactamente cómo.
-Vas a fingir ser mi chico.
-Puede ser, pero, quién me libra a mí de la mala reputación que tendré después, pensaran que tengo un pésimo gusto.
-Ya quisieras niño del demonio.
-Ya quisiera qué.
-Probar este cuerpo.
-Ni a balas.
Ella se sentó a mi lado. Me paré seguro de mi mismo y me marché.

Cuando me detuve en la puerta de su casa vi en la vereda del frente a mi chica ideal, Amanda, con unas amigas parloteando seguramente de tonterías: a quién le van creciendo mejor los pechos, que el tinte, que el labial. El mundo debería ser más sencillo.

Subí nuevamente a la habitación de Jenny y acepté su trato, quería darle celos a Amanda. Dos semanas después Jenny había conseguido su objetivo, mientras que yo, bueno... nunca lo conseguí, lo más cerca que estuve de su cuerpo fue una noche de año nuevo.

-Nunca creí que estuviste con Jenny, ella te utilizó -dijo eJustificar a ambos ladoslla, bajito.
Yo me quedé congelado, como un marciano, no sabía qué mierda decirle, siempre era un parlanchín pero era torpe para el amor.
-Tienes gustos mucho mejores -finalizó, con una sonrisita que me daba a entender que comprendía mi silencio y todo lo que quería decir con eso.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

tu prosa es atrapante si es que existe esa palabra. Buen trabajo espero que sigas evolucionando

Anónimo dijo...

Una lectura simple y facil de entender. Atrapaste al lector desde el principio y eso es excelente. Buena.

EfeR Soto dijo...

Con la derecha, izquierda, uno dos tres y a la lona!