28 abr. 2011

HOTEL CENTENARIO

Estábamos en el Hotel Centenario, recostados y desnudos, calmados, viendo una película en un plasma bastante ajeno a mí, mientras afuera, en las callecitas empedradas del Cusco las colegialas del turno tarde saludaban la noche con sonrisas coquetas a pesar del intenso frio. El actor musculoso que repartía ramilletes de puñetazos y patadas nos recordaba a la infancia de ambos; al jardín repleto de flores de mi casa en la pradera huancavelicana, y al patio polvoriento de la casa de mi chica en el desierto limeño.

—Mi padre para salvarme de la homosexualidad, me hacía ver esta película— bromeaba al ver a Van Dame regalándole a la vida una patada voladora en la película “LEON PELEADOR SIN LEY”
—No sirvió de nada— decía ella.
Nos reíamos en esta noche que poco a poco pintaba mejor.
—Ahora los chicos ven CREPUS-CULO entiendo porque tantos maricas.
Lo cierto es que el día había sido bastante pesado hasta entonces.
Si es espantoso despertarse a las seis de la mañana, imaginen lo que es hacerlo pero en Urubamba, Cusco, casi a tres mil metros sobre el nivel del mar. Despedirse de tres mujeres y un niño con quienes te has encariñado, luego salir hacia el aeropuerto ilusionado con subirte nuevamente a un avión.
Cuando llegamos e hicimos todo el trámite de rigor, anunciaron que el vuelo de las diez se postergaba hasta la una de la tarde; luego cuando se suponía que nos marcharíamos, anunciaron que se postergaba hasta el día siguiente; a mi chica le daba igual pero yo estaba asustado, tenía miedo de no llegar a Lima porque al día siguiente presentaba en la Casa de la Literatura mi libro de relatos y no sabía muy bien que hacer. Así que fuimos al counter a conversar con la mujer que nos había atendido, mi chica se enfurecía, gritaba, la mujer al otro lado mantenía una calma terrorífica; mientras miraba sus ojos claros que me transportaban a una escena porno, pensaba también que en cualquier momento sacaría un arma y nos asesinaría; porque imaginen cómo carajos se siente una pituca con los ojos claritos, toda lady, gritoneada por una chola cusqueña y su chico no menos cholo; que habían comprado unos boletos de setenta dólares ida y vuelta.

Al ver que mi chica no se calmaba, toda lady pensó en una solución y como a todos los demás pasajeros nos enviaron al hotel Santo Domingo con un vale para el desayuno; pero yo, paranoico de nacimiento decidí que iríamos al terminal terrestre para salir esa misma noche de Cusco, para no fallarle a mi libro; pero cuando llegamos la vendedora nos dijo que el viaje duraba 22 horas. Me asusté y decidimos ir al hotel a pasar la noche.
—El problema por el cual no estamos volando ahora, es que TACA sólo tiene un avión— le dije, serio, mientras el taxi avanzaba lento.
—¿Tratas de decirme que tengo la culpa?— me preguntó fijando sus ojos en los míos, yo trataba de despistarla con un tono bromista —Claro, la culpa es tuya, LAN y otras aerolíneas iban y venían a su antojo, que problema climático, si el cielo estaba despejado.
—¿Santo Domingo es eso?— pregunté al taxista.
—Si señor— dijo él.
No era un hotel, era una hospedaje, tenía pésima pinta, pero no estábamos para niñerías, así que tocamos el timbre; un anciano abrió una pequeña ventanita en la puerta.
—Venimos del aeropuerto, se canceló nuestro vuelo y…
—Habla más fuerte, ya no escucho bien— me gruñó el anciano.
Expliqué gritando lo que había sucedido.
—Llegaron tarde, mi hospedaje se ha llenado de pasajeros de TACA.
—Es tu culpa, ya vez, por haber ido al terminal— me acusó mi chica.
—¡Que!— gritó el anciano.
—Me estaba hablando a mí— le dije.
—¡Que!— vociferó el anciano.
—Cállate carajo— susurré bajito.
—¡Vete a la mierda!— me berreó y cerró furioso la ventanita.
Cuando íbamos calle arriba escuchamos el timbre nuevamente, volteamos y estaba un norteamericano de dos metros, nos detuvimos a observarlo; el anciano no fue menos displicente con él, en contados segundos cerró la ventanita nuevamente.
—Poco respeto— dijo el gringo, luego me miró —¿Están mismo problema?
—Yes— le dije, luego me reí.
—Qué da risa— dijo él.
—mai inglish— le respondí, continuaba riéndome.
—Vamos a la oficina central de TACA que está a dos cuadras— dijo mi chica.
El gringo se subió a su taxi y se largó; tenía mucha prisa junto a su esposa.
Al llegar a la oficina de TACA notamos que todos estaban felices y así solucionaron el problema en un chasquido, nos enviaron al HOTEL CENTENARIO, que aseguraban estaba a dos cuadras; pero ya cansados de estar arrastrando maletas tomamos un taxi; en las afueras del hotel nos cercioramos del letrero de metal dorado que estaba en la pared.
—¿Será este?— dije dudando.
Un sujeto salió corriendo y nos abrió la puerta.
—Esto es un robo— me burlé.
—Es un botones idiota— dijo mi chica, el taxista se rió.
Tomó nuestras maletas y las llevó a la recepción, explicamos lo sucedido y con una gigantesca sonrisa bastante sincera la joven recepcionista nos dio la bienvenida, el joven llevó nuestras maletas a la habitación 202. Estaba maravillado, era un GRAN HOTEL, de cuantas estrellas no lo sé.
Mientras veía la amplia cama de sabanas blancas decidí como quien decide tomar una ducha, hacer el amor, igual que todas las personas del mundo.
Sin embargo, durante el proceso, ella me tomó de los cabellos y me hizo mirarla.
—¿Esto que me haces es normal?— preguntó.
—No sé, ¿está rico?
—Riquísimo.
—Entonces es normal— le dije y escondí mi cabeza nuevamente entre sus piernas.
Al terminar hizo un comentario bastante común —cuántas veces tengo que decirte que tú no eres un actor porno, me tienes cansada con todas esas poses raras.
—Notaste la nueva, ¿con la que terminé?— pregunté con una sonrisa picara.
—Si.
—Me maté pensando anoche, hasta que se me ocurrió, creo que la patentaré.
Ella no paraba de reírse. Mientras que yo buscaba el control remoto para encender la tele; empecé a hacer zapping, había cientos de canales. Deberían meterlos presos por atentar contra la libertad, a esos que abren más canales.

Mi chica salió del baño, se tocó el abdomen y comentó que estaba gorda.
—¿Qué mujer no lo está?— le pregunté, saltó sonriente sobre la cama y se recostó en mi pecho, —¡Mira! es Van Dame— dije eufórico.
Cuando acabó la película, salimos a cenar papás fritas, era lo único que sabía bueno es Cusco, lamento decirlo pero en Cusco la comida es pésima, y te dan el kétchup en un plato de ensalada, como si fueras un perro, tampoco sé que les pasa que comen todo el tiempo sandilla en rodajas, pero, todo eso lo compensa la belleza incaica que aún se observa en los cimientos de muchas casas, edificios y centros comerciales.
De regreso al hotel rondaba mucha gente en la sala de recepción, entonces noté que no había un peruano entre la docena de personas; todos se quedaron mirándome.
—Vamos a la habitación— dijo mi chica.
—Espera, que estas personas me están contemplando— indiqué, me sentía con un buen ángel, con algo especial.
En la habitación, me dispuse a hacer el amor nuevamente; pero mi chica no quería.
—Que te cuesta, si es chiquito y acaba rapidito— le rogué, no paraba de reírse —no te voy a rogar más, tengo dignidad— finalicé y la abracé pegando mi pelvis a su terso y caliente culo.
Era ya de mañana y el aire acondicionado mantenía calientita a la habitación, mas la paz terminó cuando empezó a chillar el celular de mi chica; era su madre; cuando finalizó había miedo en sus ojos.
—Mi mamá se acaba de enterar que estoy aquí contigo— dijo.
—Yo pensé que lo sabía, no debiste mentirle.
—¿Qué decirle?
—Me voy a Cusco con mi salvaje. ¿Qué te parece?
—No es tan fácil— dijo apenada.
—Es muy fácil, más fácil de lo que parece. No hay nada que hacer, vamos por el desayuno.
Cuando ingresamos al restaurante había una mesa repleta de comida, uno podía comer todo lo que pueda. Era una lastima que esa mañana, yo, paranoico de no poder salir nunca del Cusco no tuviera apetito. Nuevamente lo de la noche anterior, decidí quedarme parado un rato en la puerta, dejando que todos esos extranjeros me miraran; contemplaran a un miembro del linaje noble Chanca, quienes habían ido a invadir Cusco, pero que el plan se salió de control al encontrar a un Inca bastante rudo; en fin, de eso hace tanto tiempo ya.
No sabía que le pasaba a toda esa gente; estaban en Cusco y estaban patitiesos al ver a un peruano nato entre ellos. Raros.
Tres horas después estábamos abordando el avión, el único avión de TACA que por fin había sido reparado. Cuando notamos los boletos, eran de clase ejecutiva que ya estaba copada, le explicamos a la aeromoza el tragicómico error, y nos pasó a otros asientos; cuando despegamos sentí un gran alivio y pensé en los hermanos Wright, imagino lo que les dijeron los primeros pasajeros llenos de júbilo, —Que grandiosa mierda han inventado.

2 comentarios:

Juan Carlos Ynuma dijo...

Oye... a tu chica nunca antes en su vida le hicieron un oral?

Jejé!

Las jodidas lineas Aereas, los jodidos gringos, los jodidos hoteles, y restaurantes... tipicos embrollos, los dijiste todos. nunca fui a Cuzco, que triste, un dia estare por ahí, veremos que me nace escribir de la experiencia.

Jimy garay dijo...

bueno jóvenes, lamento que hayan tenido una mala experiencia en su viaje a la ciudad imperial de cusco, no se de donde son, yo soy abanquino y vivo muchos años en cusco, asi que conozco la idiosincrasia de la gente local, lo lamentable es que siempre hay gente negativa que no respeta al visitante, y también hay visitantes que no respetan al anfitrión, espero que si alguna persona de otra ciudad peruana desea visitar la ciudad del cusco y todas las ruinas, les sugiero que contacten con una agencia turistica legal y formal, y siempre procuren contratar un guia, el transporte en bus o avión tambien deben contratarlo en empresas serias,legales, mucha suerte la proxima.