9 abr. 2012

FOBIA A LOS MUÑECOS


―Tengo una sorpresa para ti ―dijo ella, con una sonrisa pícara.
Yo pensé que se desnudaría y me mostraría alguna lencería nueva o que practicaríamos algún tipo de sexo poco convencional.
Pero noté que tenía una mano escondida en su espalda y supuse que era algún presente. Efectivamente, era un tonto peluche. Un oso marrón para ser específico. Yo fingí alegrarme, la abracé y la besé con ternura, muy agradecido de tamaña sorpresa. Dejé el oso sobre la cama y partimos por algo de comer.
Ya por la noche, al regresar y ver mi obsequio recostado boca arriba sobre la cama, recordé lo mucho que le temía a los muñecos. No sé de cuándo viene esta fobia, ni si existe en el mundo alguien que al igual que yo la padezca, pero es un asunto serio.
Tomé al osito y lo puse sobre la mesa, me dispuse a conciliar el sueño pero sentía que el oso me observaba, tenía mucho temor de quedarme dormido y que él tomara vida y me asesinara, empecé a sudar y cada vez dormir me resultaba una tarea imposible.
―Ya sé, voy a colocar una silla encima, así si despierta podré escuchar el sonido de la silla cayendo al suelo ―pensé. Me paré y llevé a cabo mi plan. Por fin pude dormir.
Unos días después ella volvió, llegó tempranito y me encontró recostado junto al peluche.
―Duermes con el osito, no me dijiste que le tenías miedo ―me dijo.
―Si, duermo con él, tomándole del pescuezo para que no se mueva y luego me mate. Dormía aplastándole con la silla pero anoche lanzó la silla al suelo, gracias a Dios pude despertarme.
―Seguramente la silla se cayó sola, es un peluche suave, redondo, resbaladizo ―me explicó.
―Igual, logro dormir solo tomándole del pescuezo, llévatelo por favor ―le dije y le lancé el peluche que de dormir conmigo estaba retorcido. Sus piernas lucían abiertas al igual que sus brazos.
―Qué estuviste haciendo con mi peluche ―dijo ella, con un tonito extraño, como insinuando que pasé noches teniendo sexo con el peluche.
―Llévatelo por favor.
Esa noche pensé, “si un día tengo una mascota, esta mujer pensará que también me la tiro” y por fortuna mía, conseguí dormir de inmediato.

3 comentarios:

Belleza Negativa dijo...

Es tierno cuando un hombre le teme a los peluches... Los peluches son realmente malévolos...
;)

EfeR Soto dijo...

Esta historia es de mi experiencia real... Siempre le he tenido miedo a los muñecos... Cuando era niño tenía alucinaciones con las muñecas negras de mi hermana. Pensaba que eran brujas.

Jorge Ampuero dijo...

Certera prosa realista.

Saludos.