8 may. 2012

LA CASA DE MI MADRE



La casa de mi madre está al pie de las montañas, 
custodiada por valerosas y marciales hormigas.
Sus puertas están siempre abiertas
porque ve en ti la gran obra de Dios.

Si vas hacia las montañas,
la verás desde las nubes,
sin llegar.
No es una casa cualquiera porque de ahí se ha ido la tristeza,
por eso, sus paredes son adornadas por el color turquesa.

En la casa de mi madre hay un lugar para todos,
un beso y un abrazo fraterno.
Siempre hay un pan en la despensa
y la concina está continuamente caliente.

En las nubes, ahí vive mi madre y despierta con los ruiseñores,
ella es mi hogar, su recuerdo mi más secreto refugio.
Si la vez algún día en la puerta de su casa turquesa,
salúdala, que ella te colmará de su gracia y bendición.

Si no sabes a dónde ir, no tengas miedo de preguntarle
en sus manos está la cartografía del mundo.
Cuéntale de la ciudad que añoras encontrar
sea hacia el sur o norte,
a ella no le importará,
simplemente te bendecirá y por ti una plegaria elevará. 

No importa cuál sea tu destino, ella espera que te encuentres
No importa si escapas, ella será tu cómplice
No importa si buscas, ella será tu brújula
Si un día caes, mira hacia sus ojos
Si un día dudas y sientes tu corazón abatido, mira hacia sus ojos
Si un día contemplando la noche, la notas más oscura que ayer, mira hacia sus ojos.
Curiosamente ahí está la respuesta a todo.

Si salvajes piratas asolan tus sueños, mira hacia sus ojos
Si te duelen las tripas, mira hacia sus ojos
Si te rompen el corazón, mira hacia sus ojos
Curiosamente ahí está el consuelo a todo.

No importa que tan pesada sea tu carga,
pasa la noche en la casa turquesa,
desempaca tu corazón,
déjalo a un lado de la cama,
habla con él y pídele que se aliviane
y continua.
Si vienes de asesinar a un hombre,
no te quedes en la casa de mi Dios,
que te enviará al infierno.

Pasa por la casa turquesa de mi madre, ella te abrirá las puertas.
Descansa, pero abandona la posada al amanecer.
Por favor, si un día te quedas en su casa turquesa, que está camino a la montaña,
dile que una legión de hombres y mujeres la aman por su buena obra,
y recuerdan cada día su educación en el amor por la tierra.
Que sus surcos ofrecen a la vida exuberancia.
Que sus campos alcanzan el cielo como manto de bodas.

No lo olvides, esfuérzate un poco en pago por su posada,
aunque ella no te pida nada, se agradecido,
recuérdale del amor que empoza su obra.

Dile que estas lágrimas son de añoranza
de su jalón de orejas
de su grito educativo.
Que estas lágrimas
son de su paranoia por mi salud,
de su levántate hijo, levántate condenado, come todo.
Por favor, no te lleves nada de su casa,
devuelve todo de lo poco que tuvo para darte.
Ella me dijo una vez:
“todos tus amigos parecen delincuentes”
no dejes que tenga razón.
No pagues bien con mal.
Todo ahí está bendito,
pero al cruzar la puerta es maldito.