9 ago. 2012

Crónica de viaje: VOCES INCONSTRASTABLES


La mayoría de las veces que estuve en Huancayo, fue de pasadita, a vuelo de pájaro, como escala para llegar a mi tierra. En esta ocasión visité la ciudad con motivo de la inauguración de los MARTES DE POESÍA, un nuevo espacio cultural organizado por Elio Osejo y Enrique Caro, con el apoyo del Centro Cultural de la Universidad Nacional del Centro del Perú. 

La ciudad está a siete horas en bus desde la ciudad de Lima, cruzando el nevado Ticllo, siguiendo por la Oroya, desde ahí la carretera sigue por el valle del -rio- Mantaro, uno de los más bellos paisajes del Perú sin dudas, de ahí el sobrenombre de La Incontrastable. 

A las 7.30 de la noche, el auditorio estaba repleto, ahí me encontré con dos amigas y lectoras entrañables, Eve Maldonado Canto y Esther Quispe, y recibí la grata visita de mi primo Feliciano Soto a quien no veía hace muchos años, quien me comentó que estuvo apoyando en la promoción del evento, una anécdota que celebramos entre risas, pues no estaba entre sus planes al llegar.

En la mesa que dio inicio al recital estuve junto a Mirtha Pecho y Albert Estrella, quienes hablamos sobre nuestro trabajo literario y leímos unas composiciones; luego fue el turno de los autores locales: Adrian Domínguez, Hugo Velasco, Elio Osejo, Enrique Caro, entre otros. Finalmente la tribuna libre, donde jóvenes amantes de la poesía leyeron emocionados sus textos o simplemente ofrecieron las palabras que les salían del corazón o las tripas.

Una vez finalizado el evento, tuve el agrado de intercambiar libros con Albert Estrella (foto), el poeta de Cerro de Pasco, de quien me habían hablado con gran entusiasmo autores de Lima y del extranjero. Al salir del Centro Cultural partimos hacia Aguaymanto Bar (por recomendación de Enrique) para celebrar esta nueva iniciativa a favor de la cultura. La noche a diferencia de mis vagos recuerdos estaba con un clima resistible, no hacía tanto frio. Delante de mí iba el muralista Gabriel Tiempo en amena charla junto a Estrella. Al parecer no se veían hace mucho tiempo, pues Tiempo lleno de júbilo le preguntó:

—¿Hace cuánto tiempo estás en Huancayo?

A lo que Estrella le respondió:

—Hace dos semanas que trabajo aquí.

—¡Puta madre! —gritó Tiempo. Parecía no gustarle el trabajo. No sé.

El bar era un lugar cálido, de buena música y de confortables muebles, curiosamente la que atendía era una señora cercana a los cincuenta años, bastante amable desde luego. Esto era sin duda algo novedoso. Los locales pidieron un “calientito de siete raíces”, que efectivamente era un trago caliente. El viaje hasta entonces no sólo me resultaba de exploración de la cultura poética, sino también de cultura etílica. Sucedió entonces lo que sucede siempre: quienes tenían cámaras empezaron a tomar fotos y quienes tenían preguntas empezaron a preguntar, y quienes tenían ganas de discrepar, discrepaban. De todos los más hiperactivos eran Osejo y Tiempo, que conversaban como si se hubieran tragado loros, contaban historias fantásticas como si fueran sus anécdotas, pero todo bien, desde el sujeto que me dijo que venía a verme por encargo de los ETS, ya nada me sorprende.

Una de las nuevas experiencias para mí, fue cuando en coro empezaron a decir que querían realizar un cadáver exquisito. No sabía qué iba a pasar, pensé que el grupo de poetas animados se preparaban para aniquilar a alguien. Rogué que no fuera yo. Creo que estoy en el club de los poetas antropófagos, pensé.

—¿Nunca hiciste un cadáver exquisito? —me preguntó Osejo, sorprendido.

—No, a lo mucho maté un cuy.

—Je je je. No. Se trata de que cada uno escriba unos versos sobre un tema que acordaremos.

—Oh.

—Como es tu primera vez, espero que no te duela —bromeó.

Luego de conversarlo quedaron que el tema sería “los planetas”. Y nos pusimos manos a la obra. Un papel A4 dio una vuelta por la mano de todos, quienes escribieron su parte, a la par que iban doblando para que el siguiente no leyera lo anterior, y darle al final un aire de novedad.

Como lo sospeché, el resultado fue malo.

—Algunas veces esto resulta más chevere —me dijo Osejo.

—Debe ser —pensé.

En honor a la verdad, no puedo recordar cuantos “calientitos de siete raíces” tomamos hasta las tres de la madrugada, sólo sé que fueron suficientes como para no tener que sacar a rastras a alguien.

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El evento cuenta con su propia revista de ficción literaria llamada TOHÉ, en el primer número están los trabajos de: Gabriel Tiempo, Hugo Velasco, Enrique Caro, Jim Ramos, Elio Osejo, Jaime Bravo, Adrian Domínguez, Suña Anticona, Luis Puris, Jun Iza Santa Cruz, Albert Estrella, Mirtha Pecho; todos de distintas regiones del país; en esta ocasión el homenajeado es Ricardo Quesada.