13 abr. 2013

PERDERSE PARA ENCONTRARSE


La gente no me cree que en casa tengo encerrado a un genio, lo tengo dentro de una botella. Dicen ―Ah, este flaquito metiéndonos cuento otra vez. Ah, este conchesumadre con sus huevaditas.
Esta historia inicia en los Andes, cuando me perdí con mi madre durante tres días. Teníamos una botella con agua que ella se encargó de administrar para que no muriéramos. Estábamos buscando una vaquilla que se nos había perdido, de pronto cruzamos un cerro, luego otro y ya estábamos en lugares donde ella jamás había estado.
Me regañaba con gracia ―Chiquito, estaba segura que cruzando esa loma estaba el pueblo donde nacieron mis padres. A dónde me has traído. Travieso, por la culpa de tu cabecita nos hemos perdido. Qué has estado imaginando.
Mientras descansábamos en una quebrada, de entre unos cactus cubiertos de espinas como espadas, apareció un hombre de avanzada edad. Nos rogó por algo de agua. Mi madre le dijo que no teníamos. Sabía que de darle a él, yo moriría de sed. Era el viejo o yo. Mientras él se marchaba pudimos notar que no tenía pies, que flotaba.
―¡Es un fantasma¡ ―gritó mi madre.
―No mamá, es un genio ―la calmé.
―Ufff hijito no me asustes.
Estuvimos por unas horas más. No teníamos decidido hacia dónde ir y mi madre empezaba a impacientarse.
―Ya mi niño, enséñame el camino por el que tenemos que volver ―me dijo. Luego abrió la botella de agua. De pronto apareció el genio y se metió en la botella. Mi madre pegó un grito y sostuvo con fuerza la botella que se agitó violentamente.
―Tápalo má ―le dije.
Ella lo hizo. Ahí estaba el genio, saciando su sed sin notar que había sido capturado.
Un camino empedrado se abrió frente a nosotros y lo seguimos. Llegamos pronto a casa y mi madre colgó la botella junto a un atado de maíz.
Cuando yo tenía nueve años y nos encontrábamos a las orillas del Mantaro, para despedirnos, mi madre me dijo:
―Tengo un regalo para ti y espero lo cuides bien. Te servirá a ti que te gusta mentir.
―Eh.
―Es el genio que capturamos aquella vez que por tu culpa nos perdimos.
Sacó de su regazo la botella y adentro seguía el genio calmando su sed, sin notar que había sido capturado.
―¿Hace algo má?
―No, pero creo que por haberse perdido se ha encontrado.
―¿Para encontrarse hay que perderse má?
―Sí mi niño.