17 jun. 2013

ALEGRIA II


Mi amada Piura. Con frecuencia, al caer la negra y bulliciosa noche, me aflora hasta la piel la tormentosa e infame tristeza. Me encuentra solo entre las sábanas sin más defensas que mi llanto para calmar mi alma. Suelo entonces rememorar nuestro verano amarillo del 2003: nosotros adolescentes, delgados y sensuales bajando por la calle 15 de Julio, tomados de la mano burlándonos de los tontos, del mundo nuestro. Piura, recuerdo nuestros cuerpos bajo el árbol de durazno, haciéndose promesas imposibles entre besos y temblorosos manoseos, mientras el Sol se estremece a lo alto encadenado. Mi piel reconociéndose en tu cuerpo pequeño ya preparado para las artes excitantes del amor. Me viene a la memoria nosotros trepando las escaleras del Rimac a jugar a los amantes en la cama de tus padres. Me es difícil olvidarte, olvidarme de los gemidos de tu piel tostada deslizándose entre mis brazos, de mi boca buscando tus labios por primera vez mientras oprimes mi cabeza para ir más adentro. Oh, aquel día sentí humedecer las paredes de esa habitación. Te debo a ti haber conocido el verdadero amor, así este amor ni su historia se asemeje al amor según San Pablo, el que todo lo soporta, el que todo lo resiste, el que todo lo perdona; porque nuestros corazones conocieron el fin siguiendo su intuición, un simple hasta luego que sufrió un accidente y se convirtió en un adiós de tantos años. A menudo suelo escuchar a las personas decir, que la gente que amas desaparece solo si dejas de pensarla. Está bien. Tú estás en mi corazón, pero eso no me basta, no me es consuelo, no me conformo con esta realidad, sin tu cintura apretada a mi cuerpo, sin mis dedos bajando a través de tus cabellos, sin esos pequeños labios y su lengua jugando adentro de mi boca. Hace tanto que nuestras vidas tomaron rumbos distintos. No sé si algún día logres leer estas cartas que te escribo, llenas de añoranza y apasionadas por el recuerdo tuyo. No sé cuál sea tu reacción tanto tiempo después. Piura, ¿Pensarás en mí? ¿Recordarás la hermosa historia de amor que vivimos juntos? ¿Habrá sido suficiente ser tu primer amor para que nunca me olvides? A veces me siento tentado a llamarte, decirte algo tan cotidiano como, hola cómo estás. Pero no quiero alterar tal vez tu felicidad alcanzada, tus sueños que tal vez triunfaron, porque no quiero creer que como yo, tienes el corazón roto, la mente rota, el cuerpo roto. Tengo la realidad destruida, a tal punto que cada noche tengo que escapar a mis ficciones. El destino, tan fuerte, espero haya tenido contigo la misericordia que no la tuvo conmigo.